Tomar el sol: sí a sus beneficios y no a sus daños

Año tras año llega el momento de disfrutar de la playa, la piscina y de tomar el sol. Pero también es el momento de plantearte seriamente que si lo que de verdad quieres es disfrutar, debes practicar un ritual de sol que alíe dos pilares esenciales: placer y salud.

 

Tomar el sol: sí a sus beneficios y no a sus daños en cosmopolitan.com.esSí, es superapetecible tumbarte al borde de la piscina o en la hamaca del jardín a tomar el sol, sentarte en una soleada terraza o pasear por la playa, pero debes ser consciente de que el sol puede dañarte. Los problemas derivados de una excesiva y descontrolada exposición solar se están multiplicando en los últimos años, según apunta el doctor Julián Conejo-Mir, dermatólogo y coordinador de la Campaña de Prevención del Cáncer de piel (por ejemplo, el melanoma se ha multiplicado nada menos que un 1.200% en los últimos 15 años y, además, está aumentando más en las mujeres que en los hombres). ¿Quiere esto decir que debes olvidarte definitivamente de tomar el sol? En absoluto. Como en otros muchos aspectos de la salud, la clave está en el equilibrio y en tomarlo siempre con información, precaución y, sobre todo, protección solar.

 

7 beneficios de tomar el sol

El sol también aporta cosas buenas a tu organismo y, si lo tomas con moderación y precaución, obtendrás beneficios tan positivos para tu cuerpo y tu ánimo, como:

1. Un chute de vitamina D. Cuando sus rayos entran en contacto con tu piel, hacen que tu organismo empiece a producir esta vitamina, esencial para el buen estado de tus órganos y para mantener tus huesos fuertes.

2. Un apoyo importante a tus defensas, ya que sus rayos estimulan y refuerzan tu sistema inmunológico y hacen que tu cuerpo se vuelva más resistente ante las infecciones, tanto las de verano, como los futuros catarros y gripes que amenazan en el otoño.

3. Una mejora de ciertos problemas cutáneos, como el del acné (reduce la producción de grasa de tu piel y hace que los granitos desaparezcan) y la psoriasis (ayuda a eliminar las escamas blancas).

4.  Dormir mejor y para estar más tranquila, pues posee un eficaz efecto sedante, tranquiliza los nervios y calma la ansiedad.

5. Un efecto analgésico, pues sus radiaciones tienen propiedades relajantes que disminuyen los dolores de espalda y musculares.

6. Un subidón de ánimo. Se ha comprobado que la energía del sol aumenta la producción de serotonina en tu organismo, una sustancia que actúa como un antidepresivo natural, mejorando tu ánimo y tu humor.

 

5 factores a tener en cuenta al tomar el sol

Si quieres sacar partido de todos estos beneficios, antes de tomar el sol tienes que conocer y controlar algunos de los problemas que pueden costarte caros en el futuro:

1. Las radiaciones solares son más penetrantes de lo que piensas. Por ejemplo, si te pones una camiseta, pero estás bajo el sol más de 2 horas seguidas sin haberte dado protector solar, al final las radiaciones traspasan el tejido y llegan hasta tu piel. Y lo mismo ocurre cuando te bañas: no te confíes y creas que por estar fresquita estás a salvo, pues los rayos te llegan a través del agua (e incluso con mayor potencia). Tampoco te libras de ellos los días nublados, porque más del 65% de las radiaciones atraviesan las nubes.

2. Sus nocivos efectos (deshidratación, envejecimiento de la piel y daños celulares que pueden desencadenar cáncer de piel) se acumulan año tras año, así que si has empezado a tomar el sol sin protección desde muy joven, tus posibilidades de sufrirlos aumentan. ¿La buena noticia? Se ha comprobado que algunos de estos daños pueden contrarrestarse. Por eso, aunque en el pasado te hayas arriesgado innecesariamente, si empiezas a protegerte desde hoy, tu piel tiene aún la oportunidad de autorregenerarse y rebajar tus posibilidades de problemas serios. Manos a la obra.

3. Ponerte roja y quemarte aumenta el peligro de cáncer de piel. Una piel roja es siempre una piel dañada y esta agresión aumenta tu predisposición a sufrir problemas serios en el futuro. Si además sufres quemaduras, los daños y las consecuencias negativas se duplican. Por eso es esencial broncearte poco a poco, usar protectores solares y controlar el tiempo que pasas bajo el sol.

4. Estar ya bronceada no te protege. No cometas el error de pensar “como ya estoy morena, no necesito protección y puedo estar al sol todo lo que quiera”. El bronceado en sí mismo es ya una agresión ante la que ha reaccionado tu sistema protector natural (la melanina) y además, el moreno no es suficiente. Por eso, aunque estés como un conguito, debes seguir usando protector solar y dosificar el tiempo de exposición.

5. En la calle también hace sol. Los rayos solares no solo te llegan en la piscina o en la playa cuando luces tu biquini. También cuando paseas por el campo o andas por la ciudad. Con tus camisetas de tirantes, tus seductores escotes, tus minis o tus tops que descubren el estómago, muchas zonas de tu piel quedan expuestas al sol y debes aplicarte protector solar en ellas (y en cara, brazos y piernas) antes de salir de casa.

 

 

 

 

 

 

Paula Miranda
26/07/2011
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