¡Feliz Navidad este año también!

Mi querida amiga Natalia -siempre esclarecida fuente de inspiración- joven como es, culta, tan intensa en el plano creativo...

 

¡Feliz Navidad este año también!... como pasiva en cualquier otro tipo de actividad, con un incomprensible gusto tanto en el vestir como en lo que a relaciones masculinas se refiere (Me va a matar), es una perspicaz crítica de nuestro tiempo, y me sorprende en ocasiones con un apasionado tradicionalismo asentado en una cultivada y fina postmodernidad y -sobre todo- en una sabia sensibilidad natural que suele alumbrarla.

 

Hablando con unas amigas de facultad sobre estas fiestas, surgió entre ellas la típica e unánime crítica destructiva sobre el carácter puramente mercantilista e hipócrita de la Navidad en nuestra sociedad, a lo que mi querida amiga reaccionó virulentamente, afirmando que le parecía perfecto que por unos días se decretase que la gente fuese buena, familiar y amable los unos con los otros, y que lejos de parecerle una hipocresía le hacía pensar en los valores fundadores más positivos de nuestra sociedad, que de hecho deberíamos cultivar más y no andar por ahí luciendo cinismo barato como "pavas de instituto". Vaya, mi querida pollito mordía defendiendo la sagrada Natividad. La llamo así con todo el cariño: su aspecto es ciertamente el de un simpático y meditabundo pollito. (Estoy definitivamente muerta.) Y como me reconocía, lo que pasaba es que echaba de menos cómo era su casa hace no tanto tiempo, sólo unos pocos años.


Hay problemas en su casa. Entre sus padres ronda una frialdad hasta ahora nunca percibida ni por ella ni por su hermana. Su hermana -su querida, fuerte y preciosa hermana mayor- casi no va a aparecer por casa estos días, y parece desvincularse cada vez más de ella y de la familia, sin mirar atrás. No es una tragedia, probablemente no sean más que baches en la temperatura emocional de una familia, o simplemente cierta dejadez en mostrar el cariño, el amor que se tienen entre ellos, la dejadez traducida en una dolorosa indiferencia que progresivamente ha llegado a afectar a mi amiga. Así que llegado ese punto defendió la Navidad instintivamente como una niña defiende que todo tiene que ser bueno en casa, ser como siempre. Y a veces, desgraciadamente no podemos hacer nada por evitar algunas desgracias, lo que desde luego no podemos es dejar que la aprensión y la tristeza nos invadan estas fechas; como si fuera ley de vida o madurar, lo natural, que se pierdan las buenas cosas en nuestra familia, el afecto, la comunicación íntima... cosas que no tienen por qué perderse jamás, como el amor que sentimos hacia los nuestros. La crisis desmoralizante -los regalos no pueden ser los mismos este año-, los problemas que nos afectan a todas y cada una de nosotras el peso, el cansancio de lo cotidiano pueden apartarnos de la parte verdadera de estas fiestas, de su esencia. Y de eso nada, estas fechas se señalan precisamente para institucionalizar, cultivar y expresar este vínculo de amor primario, para renovar esos votos familiares, esas muestras de amor y pactos afectivos no escritos que tanto hemos sobreentendido, que ya no demostramos llegando a parecer que no existieran. Por eso son fechas delicadas, porque todos afrontamos en cierto modo, inconsciente o conscientemente la verdad íntima de nuestras vidas.

Lo que debemos hacer por nosotras estas Navidades es optar simplemente por lo que nuestro sabio corazón ya conoce. No es otra cosa que pararse, pararse un momento y preguntarme qué (Quién) me importa de verdad en esta vida. Dejar de sufrir por lo accesorio, por las pequeñas trampas de la vida y cantar y disfrutar de lo verdadero, o sufrir y llorar por ello, pero compartiéndolo con el calor de los en realidad quieres; Tu familia, tus amigos, tu novio. Los tuyos. Es una renovación espiritual, una recarga de energía de tu identidad, de tu persona, de tu nombre. Es despejarse un poco, recuperar la perspectiva. Si no lo hacemos habitualmente, cosa bastante normal tal y como vivimos hoy día, es genial poder disponer de unos días marcados en el calendario para purificarnos, reconciliarnos.


Hace muchos años una pareja perseguida, con la muerte en los talones se refugió en un pesebre de Belén en medio del frío de la noche y se dieron calor y consuelo; y dejaron de estar solos.
Natalia, la modernilla, la del palestino color azul, este año va a gastarse un dineral en regalos - a parte de trabajarse mucho unos detalles artesanales para sus padres y su hermana- porque lo siente así. Va a renovar su amor por los suyos, va a cumplir con una de las más hermosas y saludables instituciones que jamás hayamos tenido.

 

 

 

Por la Dra Michelle Nielsen

 

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