Cada nuevo paso que da la ciencia no hace sino confirmar la importancia del autoconocimiento, de la meditación, de la actitud abierta ante el mundo y la vida, de la manifestación.
Los últimos avances de la ciencia neurológica postulan ahora que la inteligencia está repartida por todo el cuerpo. Cuando nos sucede algo, tenemos cualquier experiencia, ésta no va directamente al cerebro para ser analizada y pensemos al respecto de inmediato, como siempre ha sido la creencia tradicional (La del recorrido directo "de los sentidos a la cabeza"). La información llega primeramente a las redes neurológicas de nuestro tracto intestinal y posteriormente a las del corazón. Solo después de ellas, alcanza el cerebro.
El estómago tiene un cerebro independiente aunque interconectado con nuestra cabeza, con millones de neuronas que nos permiten recordar y aprender, que influyen en nuestras percepciones o conductas. Nuestras "reacciones viscerales" se dan allí, para luego ser procesadas por el corazón. Es éste un cerebro independiente, con una compleja red de neurotransmisores y también usa su circuito neural para aprender, recordar y responder a la vida.
Desde el corazón nos llega en forma de pulsación cargada de energía eléctrica información en cada latido, es una forma de comunicación inmediata que llega a cada célula de nuestro cuerpo, mucho antes que la sangre, por instantáneas ondas de presión. Cada una de nuestras células responde a esta presión de distintas formas. Además el corazón, su inteligencia usa también los mensajeros químicos del sistema hormonal para hacernos llegar la información. Esta transmisión cardiaca es clave en la autosuperación, en la automotivación y en la realización creativa.
A lo largo de la Historia como desde este mismo espacio siempre se ha afirmado que sin vivir nuestros valores y metas, no podremos conseguirlos. Esto mismo es la manifestación, un constante mensaje a la realización natural de nuestros sueños, a ser la mujer que estamos destinada a ser, la que todo nuestro ser nos pide que seamos.
Y es después de pasar por el estómago y el corazón cuando la información del mundo exterior llega al cerebro; y no sin antes haber pasado el filtro de la médula, el llamado Sistema Reticular Activado; una parte de nosotros diseñada para amplificar los mensajes de peligro y amenaza, atenuando al máximo para ello los positivos. Un vestigio, un sistema de alarma residual de nuestros milenios rodeados de peligros, hace millones de años, cuando esta alerta instintiva ayudó mucho a nuestra especia a sobrevivir.
Muchas de nosotras hemos de trabajarnos el controlar este sistema, ya que puede influir tanto en nuestras percepciones que puede paralizar nuestro progreso, nuestra vida en muchos aspectos, eternizándonos en nuestras dudas y miedos. Algo que suele ocurrir, además, cuando usamos demasiado la cabeza, el cerebro.
Si confiamos demasiado en la mente, en la cabeza, aparecen problemas, conflictos innecesarios. El cerebro, si no tiene en cuenta los cerebros intestinal y cardiaco tiende al exceso de celo, a hiperactivarse y a llevarnos a actos relativamente cómodos sin tener en cuenta la verdadera percepción que tenemos de las cosas.
Naturalmente que hay que "pensar con la cabeza" , pero sin la implicación activa de los centros de conocimiento del estómago y el corazón, en pocos momentos nuestra cabeza se satura, el mensaje se desvirtúa y el análisis nos paraliza. Citando al eminente pionero en neurociencia R.K. Cooper, "tenemos que sentir aquello que importa para poder vivir de forma que importe". Por eso es tan importante escucharse, escuchar a cada una de las tres inteligencias de las que estamos dotadas antes de decidir y actuar. Por eso es tan importante meditar; ver en nuestro interior, recogernos en paz, dejando un espacio y unos momentos exclusivamente para nosotras mismas, para escuchar nuestra propia naturaleza, nuestra esencia; nuestro yo completo diciéndonos qué debemos hacer desde todas las partes de nuestro ser, con el compromiso de todas las energías que tenemos en nosotras, en nuestro interior.
La ciencia alcanza a demostrar algo que intuitivamente, espiritualmente, sabemos desde siempre. Hemos de ser lo que estamos destinadas a ser, y lo llevamos escrito dentro. Solo hay que escuchar bien en nuestro interior.
Por la Dra Michelle Nielsen
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